lunes, 27 de diciembre de 2010

Detective


El detective bebió un sorbo de su copa de Borbón. Había quedado de verse con su cliente en aquel cuchitril que tenía la osadía de autonombrarse bar. Pero le gustaba aquel lugar para tratos mercantiles, por su impersonalidad y porque sabía que su sórdido aspecto disuadiría a cualquiera de sus clientes de volver, lo que le evitaba riesgos de toparse con ellos en el futuro. Eran más de las once, comprobó mirando su reloj. Habían quedado a las diez. Sacó del sobre color manila las fotografías que había tomado y eran la prueba de que la esposa de su cliente era infiel. Bebió el resto de Borbón. Se acobardó, pensó para sí. Ya le había pasado antes. Muchos esposos contrataban detectives privados para averiguar si su esposa les era infiel, y él no entendía muy bien por qué. Ellos podrían averiguarlo gratis poniendo un poco de atención. Pero preferían pagar a un extraño que hacerlo ellos mismos. Era más fácil ya que la mayoría no quería saberlo realmente y cuando llegaba con las pruebas… se enfadaban como si él fuera el que se acostaba con su esposa. Otros, los más cobardes, simplemente no se presentaban.
                Los detectives privados somos los termómetros de la moral establecida… había escrito Manuel Vásquez Montalbán. Era cierto en parte ya que siempre les tocaba el trabajo sucio. Pero también se consideraba así mismo un humanista, como un poeta o un filósofo. Compartía con ellos la búsqueda de la verdad. Sólo que él no lo hacía a través de las bellas palabras o de las reflexiones sobre las grandes verdades. A él le tocaba lo bajo, lo sórdido, lo prosaico… lo humano.
                Sonó su celular. Lo sacó de su bolsillo y contestó.
                —¿Bueno?
                —Soy yo —era su cliente.
                —No va a venir a la cita —era una afirmación, no una pregunta.
                Hubo una pausa.
                —Dejé un cheque en el buzón de su oficina —y colgó.
                El detective sonrió. La verdad os hará libres… pero infelices. Pocos quieren la verdad. Muy pocos la soportan. Sólo los detectives la necesitan.