sábado, 26 de diciembre de 2015

Carta a Nausicaa



Sé que no leerás estas palabras, pero tampoco es tan grave. No las escribo para ti (en el fondo todas las palabras que escribimos son para nosotros mismos, aunque rara vez lo admitamos). Y ya que estamos con las confidencias y golpes de pecho, también confieso que no supe entendernos. Así es, "entendernos", en plural. Yo, que me vanaglorio siempre de mi agudeza y perspicacia estuve totalmente a oscuras ante ese accidente gramatical. Te entendí a ti y creo que medio me entiendo a mí, pero jamás comprendí que además de los dos, también había un "nosotros". Será que nunca me han gustado las multitudes, ve tú a saber. Alguna vez me dijiste que siempre me ibas a recordar. Es una promesa que no sé si vayas a cumplir. Me gusta pensar que sí. Por mi parte me comprometo a lo mismo. Espero y lo sepas apreciar, porque soy un hombre que sólo cree en los momentos, en que la belleza de todo radica en su fugacidad. Porque lo duradero, lo eterno, tiene el inconveniente de la fealdad que ocasiona la erosión del tiempo. Quizás ahí radica la belleza infinitesimal de nuestro plural y que, con algo de fortuna, permanezca intacto en nuestras futuras nostalgias.


Atte.

Un agotado Odiseo. 

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