sábado, 26 de diciembre de 2015

Carta a Nausicaa



Sé que no leerás estas palabras, pero tampoco es tan grave. No las escribo para ti (en el fondo todas las palabras que escribimos son para nosotros mismos, aunque rara vez lo admitamos). Y ya que estamos con las confidencias y golpes de pecho, también confieso que no supe entendernos. Así es, "entendernos", en plural. Yo, que me vanaglorio siempre de mi agudeza y perspicacia estuve totalmente a oscuras ante ese accidente gramatical. Te entendí a ti y creo que medio me entiendo a mí, pero jamás comprendí que además de los dos, también había un "nosotros". Será que nunca me han gustado las multitudes, ve tú a saber. Alguna vez me dijiste que siempre me ibas a recordar. Es una promesa que no sé si vayas a cumplir. Me gusta pensar que sí. Por mi parte me comprometo a lo mismo. Espero y lo sepas apreciar, porque soy un hombre que sólo cree en los momentos, en que la belleza de todo radica en su fugacidad. Porque lo duradero, lo eterno, tiene el inconveniente de la fealdad que ocasiona la erosión del tiempo. Quizás ahí radica la belleza infinitesimal de nuestro plural y que, con algo de fortuna, permanezca intacto en nuestras futuras nostalgias.


Atte.

Un agotado Odiseo. 

jueves, 17 de septiembre de 2015

La mujer de los hermanos Reyna. Intrigas y deseos.




La novela negra, ese “subgénero” literario surgido a finales de la segunda década del siglo XX, se hizo presente en nuestro país hasta 1969 con la publicación de El complot mongol, de Rafael Bernal (considerada unánimemente como la primera novela negra mexicana) y aunque 7 años después surge la figura de Paco Ignacio Taibo II (el más célebre autor del género en México), lo cierto es que el desarrollo de este tipo de obras fue más bien esporádico hasta la década del 2000, cuando parece haberse consolidado gracias a una generación de escritores que verdaderamente lo cultivan y no sólo es un experimento estético ocasional. Nombres como Élmer Mendoza, F.G. Haghenbeck, Bernardo Fernández, Bef, Imanol Caneyada y algunos otros que se me escapan. Entre ellos se encuentra Hilario Peña, quien se ha vuelto célebre por su serie del detective Malasuerte, pero cuya obra cumbre (al menos hasta el momento) es una novela fuera (al menos hasta la publicación de Juan Tres Dieciséis) de este ciclo: La mujer de los hermanos Reyna (Radom House, 2011).

En esta, su tercera novela, Hilario Peña expresa explícitamente la intención de deconstruir uno de los elementos más icónicos de la cultura popular mexicana: las telenovelas. Es así que tenemos una trama con todos los tópicos recurrentes de los melodramas televisivos: mujeres jóvenes que deben luchar solas contra la adversidad, galanes millonarios, villanas que intrigan contra la protagonista, hijos perdidos que se reencuentran con sus padres, etc. Todo esto mezclado con elementos tradicionales del noir más clásico en la línea de James M. Cain y Elmore Leonard, donde los protagonistas suelen ser delincuentes de poca monta; perdedores que tratan de salir desesperadamente del círculo de miseria en el que se encuentran. Evidentemente esta combinación da como resultado una trama rocambolesca a más no poder. Algunos quizá le encuentren algo excesiva, pero lo cierto es que no quieres dejar el libro porque siempre deseas saber qué pasa a continuación.

Estilísticamente hablando la novela utiliza un lenguaje sencillo y directo, casi telegráfico en ocasiones, debido a que Peña recurre mucho al uso del diálogo, lo que hace que el ritmo del texto sea sumamente dinámico. Este es quizá el elemento técnico más destacado del autor, el ritmo; no sólo en esta novela sino en su obra en general. Son narraciones fluyen de forma vertiginosa, algo que no cualquiera puede conseguir.

No obstante, el mayor logro de la obra es su certera reconstrucción del devenir de la sociedad mexicana en las últimas tres décadas, específicamente en el norte del país. No es una novela histórica, ni pretende serlo, pero al relatarnos la vida de los protagonistas desde los 80's hasta la actualidad vemos esa historia paralela de un México casi desconocido, cuyos actores y acciones tienen profundas consecuencias en la actualidad. Desde las raíces del crimen organizado y cómo es que llegó a extenderse tan profundamente en la vida de la sociedad mexicana contemporánea, el inicio del fin de la vida rural, entre otros aspectos. Los que vivimos esos treinta años encontramos familiares, incluso cercanos a muchos de los personajes, su ideología, sus anécdotas. Tan es así que mucha de su atmósfera recuerda al homevideo ochentero. No obstante no es un ejercicio nostálgico, sino un simple testimonio de una época pasada, es verdad, pero con gran peso en el tiempo presente.

Otro elemento destacable son los personajes. Aunque a primera vista podría decirse que la mayoría son tópicos, su desarrollo no lo es en absoluto. Lo que más me llamó la atención es la amoralidad de la mayorías de ellos. Aunque en general prácticamente todos son pillos mezquinos y egoístas, la naturalidad con la cual realizan sus acciones, conscientes de lo negativo de las mismas y el hecho de que jamás intenten justificarse (simplemente son así) es lo que les otorga gran verosimilitud, y que en muchos casos resulten hasta entrañables. Al ser personajes siempre al límite, era muy fácil caer en tentación de intentar justificarlos con el manido argumento de que no tenían elección, pero eso no sucede. Los personajes siempre tienen opciones y quizá por eso resultan más creíbles cuando optan por la alternativa “negativa”. 

Por ello mi momento favorito es el cierre de la novela, cuando uno de los personajes está tomando protesta como alcalde de Tijuana y da un discurso absolutamente cliché de cómo en base a esfuerzo y honradez una persona “de abajo” logró triunfar en la vida (idiosincrasia totalmente telenovelera). El discurso tiene varias lecturas. La primera y más obvia es el de la ironía que nos escupe el autor, pues para esas altura de la novela conocemos al personaje, que además está rodeado de otros personajes que lo acompañaron en la travesía y que comparten su éxito; éxito logrado gracias al engaño, traición, chantaje y hasta asesinato, logrando deconstruir totalmente el discurso melodramático y mostrándonos como es que ese tipo de éxito se alcanza en la realidad. La otra lectura (y personalmente mi favorita) tiene que ver con el personaje que da el discurso. Para nosotros, los lectores, nos queda clara la ironía implícita en el mismo que le imprime el autor, pero el personaje no lo dice en sentido irónico, sino sinceramente y eso es lo fantástico del mismo, pues es totalmente congruente con su ideología; desde su punto de vista engañar, chantajear y traicionar es válido porque así funciona el mundo y por lo tanto su victoria final es totalmente honrada. Jugó con las reglas de la casa y ganó.

En conclusión, La mujer de los hermanos Reyna es una gran novela, repleta de humor, acción, intriga, y amor. Amor por la literatura que destila todas y cada una de las palabras de esta obra y que merece reconocimiento con una de las mejores novelas mexicanas de los últimos 10 años. Altamente recomendada.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra




Últimamente ha surgido un acalorado debate sobre el cine basado en cómics (de superhéroes, principalmente), sobre si son una moda pasajera o se convertirán en un género definitivo del séptimo arte como la ciencia ficción, el terror, el thriller o las comedias románticas. La verdad es muy pronto para dar un veredicto al respecto, es una pregunta que sólo el tiempo podrá responder. No obstante esto me ha llevado a pensar en que si nos detenemos a pensar el cine realmente aporta muy poca originalidad en cuanto a sus historias. Cierto, ahora la moda son los cómics, pero las películas basadas en este formato palicen ante la cantidad de guiones cinematográficos que adaptan libros. Si mal no recuerdo el porcentaje de películas basadas en libros (novelas, biografías, etc.) es de alrededor de 70% de la producciones (al menos en Hollywood). No es casualidad que los personajes que más películas protagonizan, Drácula y Sherlock Holmes, tuvieron su génesis en la literatura. Incluso grandes éxitos cinematográficos, ahora considerados como clásicos, nacieron de la página escrita y nosotros ni teníamos idea.

En 1993 se presentó en salas de cine de todo el mundo la cinta Jurassic Park, dirigida por el rey midas Steven Spielberg, convirtiéndose en un éxito instantáneo, y que junto a Terminator 2 revolucionaron los efectos especiales en los 90's para siempre. El filme es un relato para toda la familia enfocado en la aventura con tintes de suspenso y ciencia ficción, en la que por primera vez se lograron ver dinosaurios “reales” a la pantalla grande. Al día de hoy es una de las películas más icónicas de la historia del cine.

Quizá por eso en su momento me sorprendió mucho cuando descubrí que de hecho la película es una adaptación de una novela homónima publicada tres años antes por Michael Chrichton (1942 – 2008). Cuando por fin llegó a mis manos el texto, albergaba ciertas dudas al respecto, (tuve una mala experiencia leyendo las novelas originales de Robert Ludlum que dieron origen al personaje de Jason Bourne, que distaban mucho de sus versiones cinematográficas y que personalmente encontré poco estimulantes como literatura en sí, aún tomándolas como obras de género). Al final la curiosidad pudo más y me aventuré a la misteriosa isla Nubla, en las costas de Costa Rica, en busca de dinosaurios de papel.

Lo primero que cabe preguntar es si vale la pena su lectura. La respuesta es que definitivamente. Podría decirse que la película adapta, en términos generales, de forma fiel la historia del libro. Sin embargo, es el enfoque lo que varía entre novela y filme. Como dije antes, en el celuloide se decantan por la fascinación de tener de vuelta a los dinosaurios y en la aventura que representa sobrevivir a su presencia cuando éstos se salen de control. La novela en cambio opta por un tono oscuro y un discurso crítico con respecto a la ciencia y su papel actual en la sociedad. En cómo se ha convertido en una manifestación de la megalomanía del hombre, dedicada a fines puramente comerciales y sin ninguan búsqueda en beneficio de la humanidad. El suspenso es más marcado ya sea el encuentro con el T-Rex o los velociraptores, que no causan fascinación sino auténtico terror y parte importante de la peripecia es sobrevivir a ellos. Es aquí donde se siente más palpable la influencia de El mundo perdido de Arthur Conan Doyle que el mismo Chrichton ha reconocido.

Pero donde definitivamente hay más divergencias es con los personajes. Los paleontólogos Alan Grant y Ellie Sattler, el matemático Ian Malcom, y el informático Dennis Nedry (culpable de que todo se fuera al demonio), son esencialmente iguales en ambas obras; Donald Gennaro, el abogado encargado de inspeccionar el parque, Robert Muldoon, el guardabosques del parque, Ray Arnold, el ingeniero y Henry Wu, el genetista, tienen mucha más importancia y sus reflexiones sirven para contextualizar mucho de lo que ocurre en la historia. Mención aparte merecen los niños, Tim y Lex. Pare empezar, en la novela Tim es el mayor y Lex es mucho menor (en la película tiene unos 14 años, en la novela 7). El niño es un friki de los dinosaurios el cual rápidamente empatiza con el Dr. Grant, y a lo largo de la novela sus conocimientos son bastante útiles; mientras que Lex es una aficionada de los deportes y le aburren los dinosaurios, además de ser una quejica odiosa que te hace desear que se la coma algún depredador. El que definitivamente es el personaje más distinto es John Hammond, que en la película es un anciano arrogante, sí, pero bonachón e idealista, en la novela es un empresario codicioso y mezquino, que incluso acepta que trajo a sus nietos a la isla simplemente como presión para Gennaro durante su inspección y no para ayudarlos a lidiar con el divorcio de sus padres.

En conclusión la lectura de Jurassic Park es una experiencia recomendable para los fans de la película y para el lector en general, pues tiene los suficientes elementos de interés propio como para darle una oportunidad. Si eres como yo que no te deslumbró el filme de Spielberg quizá el material original te resulte mucho más estimulante, pues muchas de las propuestas más interesantes que fueron sólo sugeridas en la película (como la teoría del caos) están mucho más desarrolladas en el texto. Y si sólo te gusta la aventura o el suspenso ésta tiene dosis a manos llenas.