domingo 13 de septiembre de 2009

Trivialidades

—Señor Poirot, ¿por qué mata la gente?
—En mi experiencia la gente mata por trivialidades.

Seguramente más de uno me discutirá el incluir una cita de Agatha Christie (sobretodo aquellos que creen saber de buena literatura), pero considero que mientras las palabras sean valiosas no tiene la más mínima importancia de donde provengan. Y después de todo ¿qué es realmente importante? La mayoría de las acciones humanas son poco importantes, intrascendentes, triviales. La vida en sí es trivial Sin embargo eso no quieres decir que carezca de significado. El Amor, pero ejemplo, es una cosa trivial pero enormemente significativa. ¿Por qué trivial? Porque el que alguien esté enamorado no cambia absolutamente nada en este mundo. La Tierra sigue girando alrededor del Sol durante trescientos sesenta días; el mar sigue siendo salado; la lluvia sigue mojando igual. ¿Por qué significativo? Pues porque para ese enamorado el mundo girará entorno a la persona amada, el agua marina sabrá dulce y la lluvia será la más grata de las caricias. Sí, así de cursi.


Esto me lleva a una charla que tuve (pocas horas antes de escribir estas líneas) con una amiga a la que llamaré... digamos que «Tsuki». Me contaba algo que hizo y que consideraba tremendamente bochornoso. Es evidente que la caballerosidad (risas) me impide contar el episodio, pero sólo diré que es del tipo de estupideces que se hacen cuando se está enamorado. El origen de su vergüenza proviene de que ella misma considera el motivo de su acción, en cierta forma, trivial y eso hace más doloroso el asunto. Y es verdad. Sin embargo son esas pequeñas trivialidades: el amor, la amistad, el sexo, un vaso de tequila, la buena comida y un buen partido de fútbol las que dan algo significado a la vida aunque no valgan nada.


«Aquel que nunca haya hecho una estupidez, nunca habrá hecho algo interesante», reza un proverbio inglés. Así que aquel que no haya hecho una idiotez por amor realmente me da pena, porque su vida a parte de trivial carece de significado. Por eso mismo, mi estimada Tsuki, no tienes porque avergonzarte. Eso, como solía decir mi viejo, no son más que gajes del oficio. Enfócate en otras trivialidades (como el Arte) y verás que el dolor, a base de terquedad, se irá de vacaciones por ahí y te dejará en paz. Así lo espero al menos, pues también me da dolor de cabeza esa trivialidad en particular.


Luis Héctor Arreola Guzmán


domingo 30 de agosto de 2009

Preguntas y respuestas


Finalmente he cedido a la tentación de crear un blog. Decidí aplicar aquella máxima de Oscar Wilde que dice “más vale ceder a una tentación que enfermar de deseo”. Evidentemente dicho escritor concibió esas palabras en un contexto distinto (y dados sus particulares “gustos” prefiero no imaginarme a qué se refería). De seguro más de uno se ha de estar preguntando al leer este texto por qué repentinamente me ha dado por convertirme en un blogger más. La mejor respuesta es sin duda porque quiero. Eso debería bastar para el amable lector y para este no tan amable ¿escritor? Y, sin embargo, la pregunta no deja de rondarme la cabeza: ¿Por qué hago esto? Maldita manía de detective de cuestionarlo todo. Aún a mí mismo.


Bien, veamos que puedo responder a esa pregunta.


Quizá sea esa necesidad básica de todo ser humano de comunicarse con otro. De expresar un sentir y esperar que en medio de la soledad acompañada que todos experimentamos haya otra persona (una sola aunque sea) que pueda entendernos o siquiera que lo intente, y no sólo nos dedique una atención indiferente como la que presta un político en campaña a sus votantes.


Tal vez sólo sea que necesito alimentar mi ego mostrándole al mundo lo chingón que escribo. Enseñar al mundo entero mi narrativa tan mágica como un prestidigitador de feria que saca un conejo de un sombrero.


A lo mejor es porque cuando tecleo las palabras que vienen de mi cabeza es el único momento en que puedo ser yo mismo. Donde fluye, palabra tras palabra, línea tras línea, esa persona que habita bajo nuestro artificioso traje que llamamos personalidad y que es lo más cercano a un ser humano que vamos a conocer en nuestra vida.


No sé, puede que sea por alguna de las razones que he mencionado ya, o incluso por todas ellas, o simplemente... porque quiero.


Quién sabe. A final de cuentas, sea cuál sea la respuesta carece de importancia, como casi todas las respuestas en esta vida. La pregunta que queda por hacer es ¿cuánto duraré escribiendo aquí antes de abandonarlo como tantas otras cosas que dejé luego de que me aburrieron? Los apostadores de Las Vegas apuestan por un mes. Yo prefiero ser optimista y darme un trimestre al menos. ¿Ustedes por cuánto apuestan?


Luis Héctor Arreola