martes, 22 de julio de 2014

Juan Tres Dieciséis. Sangre, traición y boxeo.




Debo confesar que tengo dos grandes aficiones en esta vida: el boxeo y la novela negra, (en realidad más, pero estas dos son las únicas que vienen a cuento respecto a la obra de la que pienso hablar). De la novela negra me gusta esa mezcla de racionalidad e irracionalidad; las atmósferas oscuras, opresivas, duras; su romanticismo sucio. Del boxeo, la violencia y brutalidad inherente a dicho deporte que detona en mí ese aspecto primitivo, animal que todo ser humano posee. Además que casi en su mayoría, los boxeadores son el héroe romántico perfecto. La vida de varios de ellos tiene mucho de tragedia griega. Seres que parecen guiados por un sino trágico.

Y es precisamente ahí donde reside la maravilla de Juan Tres Dieciséis (Random House 2014), del escritor sinaloense de nacimiento pero tijuanense por vocación, Hilario Peña. La novela nos sumerge en el mundo de los guantes y los encordados. No el de las grandes funciones en algún decadente casino de Las Vegas, sino en el sórdido y truculento de los promotores sin escrúpulos y sus turbios negocios a expensas de jóvenes hambrientos de gloria, los cuales son tratados como simples mercancías.

Al mismo tiempo nos transporta a una Tijuana llena de obreros esclavizados a las maquiladoras, y endeudados de por vida pagando por micro-viviendas de pésima calidad; políticos y policías corruptos, empresarios deshonestos y mujeres fatales, en la mejor tradición de Hammett y Chandler.

Este explosivo coctel lo consigue recurriendo a un viejo truco usado en las novelas de Arthur Conan Doyle sobre Sherlock Holmes. Dividida en tres partes (y un pequeño prólogo donde nos da una brevísima biografía del detective Tomás Peralta, alias Malasuerte, para los profanos), Peña primero nos introduce en el ambiente de la ciudad fronteriza con una serie de personajes y pequeños casos cuya importancia nos será revelada más adelante. Después, la segunda parte es una novela dentro de la novela, pues nos cuenta la vida del boxeador Juan Tres Dieciséis, desde sus humildes orígenes hasta su ascenso y posterior caída tras alcanzar la máxima gloria pugilística. Historia que como ocurría en Estudio en escarlata, El signo de los cuatro y El valle del Terror del escritor escocés, sirve no sólo para perfilar a una figura central sino además para explicar muchas situaciones de la trama policiaca. En mi humilde opinión ésta constituye la mejor y más apasionante parte del texto pues desde un principio Peña construye a un personaje entrañable, heroico, el cual como si de un Aquiles moreno se tratara, desde un principio se muestra destinado a la fatalidad.

Quizá por ello terminarla fue doloroso pues me había encariñado con el Dieciséis y debido a que la primera parte me había parecido algo floja me hacía temer que la parte final no estuviera a la altura en intensidad. Estaba equivocado a medias. Sin bien es cierto que la historia del boxeador es lo mejor de la novela, la última etapa se convierte en una frenética carrera llena de acción, humor, violencia cruda y descarnada, plagada de giros argumentales (unos predecibles, otros no tanto), que no da respiro al lector y le impide soltar el libro hasta no llegar a la conclusión.

Estéticamente hablando, Hilario Peña conserva los valores de sus otras novelas: diálogos chispeantes, ágiles. Una prosa directa y vertiginosa, carente de toda floritura innecesaria, llena de humor pero con registros dramáticos en los momentos adecuados. Además de unas descripciones de los combates en el ring muy bien logradas donde el autor nos demuestra sus grandes conocimientos sobre el deporte. El único pero que le pondría sería su inicio tan débil y unos personajes bien dibujados pero algo tópicos y planos (salvo por el Dieciséis), pero que pese a todo funcionan de manera adecuada.

En conclusión Juan Tres Dieciséis es una gran novela negra, divertidísima y apasionante, que noqueará a cualquier lector que se atreva a pelear un round con ella.

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