lunes, 4 de abril de 2016

¡Esto es un complot! ¡Pinche homenaje!



Nadie puede negar que la literatura mexicana ha parido grandes nombres en los anales de dicho arte: Octavio Paz, Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Vicente Leñero, José Emilio Pacheco y un larguísimo etcétera. Sin embargo cuando hablamos de grandes personajes literarios la cosa ya no parece tan diáfana. Claro, puede uno echar mano de Pedro Páramo, tal vez Artemio Cruz y… Filiberto García. Así es, en 1969 un curioso escritor y diplomático (entre otras cosas) publicó una novela que cambiaría para siempre el panorama literario nacional: El complot mongol. En este libro asistimos al alumbramiento de la novela negra en nuestro país. Bernal nos presenta un relato descarnado de la corrupción del gobierno nacido de la revolución y que tiene como protagonista a un pistolero al servicio del régimen encargado de desentrañar una intriga internacional en el triste y diminuto barrio chino de la ciudad de México; violento, cínico y al mismo tiempo entrañable, este anti-héroe ya forma parte del imaginario de las letras nacionales como uno de sus grandes entes de ficción.

En 2015 se cumplió el centenario del natalicio de Rafael Bernal y esto conllevó una serie de charlas y homenajes a su figura y a su obra. Entre estos destaca un singular proyecto encabezado por Bernardo Fernández, Bef, dibujante y autor de novela negra (uno de los nietos literarios de Bernal, como él mismo se denomina). Bef tuvo la feliz idea de hacer una antología de relatos que tuviera como protagonista a Filiberto García escritos por destacados autores de novela negra. Este Dream Team está conformado por Élmer Mendoza, Francisco Haghenbeck, Joserra Ortiz, Hilario Peña, Imanol Caneyada, Iris García Cuevas, Pedro Ángel Palou, el novelista gráfico Ricardo García-Micro y el propio Bef. Todos ellos dan forma a ¡Esto es un complot!, editado por Conaculta.

Lo primero que hay que mencionar sobre esta antología es su edición. Es sencillamente hermosa. Es el equivalente de un Ferrari en libro. En pocas palabras, de lujo. Ahora bien, más allá de su presentación gráfica lo importante a final de cuentas es su contenido. ¿Valen la pena los diez relatos que la conforman (dos de ellos de narrativa gráfica)? Pues no hay una respuesta fácil a esta pregunta, no sin entrar en cierta controversia al menos.

La primera sensación que experimenté al terminar de leer el libro fue perplejidad. Y es que no estaba seguro de qué debía sentir ante dicho material. Contrario a lo que podía pensarse no todos los relatos pertenecen al género negro (algunos transitan por los senderos de lo fantástico, la intriga política y hasta la sátira). Es aquí donde los admiradores de la obra de Bernal puede que se dividan entre los que acepten este experimento como una curiosidad y otros que la detesten por considerarla una ofensa a una vaca sagrada (y ya sabemos lo mucho que a los mexicanos nos encanta adorar vacas sagradas). Los relatos de Élmer Mendoza, Francisco Haghenbeck, Iris García Cuevas, Pedro Ángel Palou e Imanol Caneyada son los más netamente ‘negros’ en el sentido tradicional del término y los que a mi juicio recrean más fielmente a Filiberto, tanto en su pensamiento como en su lenguaje. Los de Hilario Peña y Bef son los más singulares ya que parten de premisas bastante curiosas. Peña coloca a García trabajando en un Resort para delincuentes en el que debe resolver un asesinato. Es un relato muy divertido pero tiene el problema de que el personaje de Filiberto está muy desdibujado y podría ser reemplazado fácilmente por cualquier otro personaje. En el caso de Bef es una historia en la que la mentalidad del pistolero se enfrenta con la mentalidad moderna políticamente correcta. Divertida aunque su cierre no sea tan redondo. Los relatos de Joserra Ortiz y Micro no se centran en Filiberto sino que exploran el universo del Complot... donde la batuta la llevan personajes como Laski, Graves y Martita. Ésta última protagoniza el que quizá sea el relato de mayor controversia (no doy detalles, mejor léanlo y sabrán a qué me refiero).


Entonces vuelvo a preguntarme: ¿vale la pena esta antología? Y me respondo afirmativamente. Tras el azoramiento inicial que me causó al no ser lo que esperaba: o sea una imitación de la novela original y entender que se trata de una apropiación de dicho universo de ficción y, al mismo tiempo, una carta de amor al personaje de Rafael Bernal pero siendo fiel al estilo propio de cada autor, es un libro que se disfruta a tal punto que lo único que lamento de su lectura es su brevedad. Por todo esto puedo concluir que ¡Esto es un complot! no es un homenaje pinche sino un ¡Pinche homenaje!


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